Santiago Sanchez*
Sin duda alguna la experiencia de leer el libro no pasa desapercibida para ningún lector. Seguramente habrá quienes lo estigmaticen automáticamente de fanatismo o de falsedad, o quienes lo admiren por su valor ecológico, estético y espiritual. Pero lo cierto es que la obra en sí no pasa desapercibida. Creo personalmente que es una invitación a un cambio profundo en nuestro interior, en nuestros esquemas mentales. Como bien expone en su prosa, sólo nosotros sabemos cuándo hemos crecido espiritualmente y en valores. De hecho, yo creo que esa es la naturaleza simbólica del walkabout (1... al final las notas) , más que pretender ser el camino único y verdadero por el que podemos llegar a ser mejores personas como lo fueron esos aborígenes australianos, debemos entenderlo como cualquier viaje que nosotros realicemos en el que nuestra búsqueda sea profunda hacia adentro y hacia afuera. En la introducción del libro me quedó muy claro que la autora entiende que habrá quienes lean el libro a manera de entretenimiento, pero pretende sobretodo que el autor se identifique con el segundo tipo de lector, el cual será un aventurero que quiera cambiar su vida por medio de sus propias experiencias. Las Voces del Desierto tienen un valor mucho más que científico, emocional. Por lo anterior, y teniendo en cuenta que la situación que vivimos hoy en día es de una complejidad que necesita de ejemplos claros y cotidianos para materializar nuestras ideas, quiero hacer del presente escrito además de un deber académico, un testimonio personal que quiere reafirmar el texto leído y darle una perspectiva doblemente valiosa, con mi vivencia privilegiada en los días de semana santa, mientras leía buena parte de las páginas de la novela. Es decir, y en virtud de mi vocación antropológica, seré Auténtico (2) … un poco auténtico.
El viernes 3 de Abril compré las fotocopias del libro y las empecé a leer. Llegué hasta el tercer capítulo mientras leía en el transmilenio. La historia me envolvió momentáneamente, días después realmente me atrapó, y solo hasta hace unas cuantas horas lo terminé. Pero en ese momento ignoraba el lugar donde realmente terminaría los mejores capítulos. El sábado, la vida me trajo una invitación parecida a la que recibió la protagonista en la historia. Pero en otro contexto: no iba a ningún desierto, no iba a salir del país, no iba a viajar en avión, no soy médico y no me estaba invitando ningún indígena. La invitación fue a hacer un documental sobre las procesiones religiosas en la ciudad de Popayán. La cosa me sonó a paseo católico y yo no soy muy creyente que digamos así que en un principio no me sedujo el asunto, pero siempre cae bien salir de la ciudad. El punto clave de la invitación era más bien la oportunidad de ir a conocer a los Guámbianos en el Cauca, y además investigar lo que pudiera para mi trabajo final de semestre en Etnología de Colombia. Había escogido un tema histórico frente al terraje. Era una maravillosa oportunidad de conocer el Sur Andino, así que el domingo llegué a casa un poco alcoholizado y eufórico con el proyecto del viaje en la cabeza.Los argumentos fueron buenos y mi mamá los aceptó y me apoyó. El viaje era un hecho, ya había recogido lo de los pasajes y tenia lo suficiente para sobrevivir una semana. El gran apoyo de mi amigo Pedro fue fundamental. Él estaba cumpliendo 20 años ese domingo 5 de abril, es un estudiante de Cine y Publicidad en la Tadeo pero que también está muy interesado en la realidad social y la academia. Juntos viajamos ese domingo por la noche y llegamos a Popayán el lunes por la mañana, tras 13 horas de viaje, donde compartiríamos momentos que cambiaron nuestra percepción de la vida.
La santa semana transcurrió entre las procesiones que los acompañé a grabar a él y a Ana (la anfitriona payana), y realmente noté la influencia de la Tradición Eclesial en Popayán. No sólo había iglesias cada menos de dos cuadras, sino que la alianza iglesia / fuerza pública (que después pensaría desde otra perspectiva) era evidente en todas las esquinas. Ana me contó que era la única semana en que la ciudad no era la misma. “Lo limpian... como en todo el país”, me dijo refiriéndose a que toda la vida pecaminosa de la ciudad en estos días se hallaba amenazada por fuerzas oscuras que hacían “limpieza social”. Podríamos decir que era un estado general de Seguridad Democrática extrema, en el mismo orden de ideas de todos los discursos de políticas antidrogas y antiterroristas tan propias de nuestro gobierno actual.Pensé en una frase de un viejo libro que leí en el bachillerato, la distopía de 1984 y su potencial transformador me recordaron, al ver tantas fuerzas armadas, que: “Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano… incesantemente.” (Orwell, 1949) Me dieron escalofríos de pensar en que cada vez estábamos más cerca de tan triste realidad imaginada por George Orwell hace casi un siglo. Y es esta parte la que tiene vital importancia al relacionar mi experiencia con la novela. Comprendí la real dimensión de los curas y policías en la historia de América Latina, el jueves santo cuando fui al Municipio de Silvia. Conocí lo más bello del Cauca y del secreto de la felicidad. La autenticidad de sus montañas que parecen vírgenes de largas faldas y sombrero, tal como las Guámbianas que pude conocer en Silvia, era proporcional a la crueldad histórica con que los terratenientes colonos y blancos habían explotado a todos los indígenas en esos mismos territorios, como la hacienda El Chimán (Muelas, 2007).Actualmente en Silvia se respira un aire de tranquilidad. Noté que el fantasma del progreso no se asoma en esas tierras: No hay industrias ni centros comerciales, no hay proyectos de urbanización ni de desarrollo vial. Es una población mayoritariamente indígena y campesina. Es centro de interacción de varios cabildos indígenas de la zona oriente del Cauca. Esto último fue mi revelación y mi privilegió. Siendo un jueves santo, estando casi todas las instituciones básicas del pueblo en día festivo, ubique empíricamente la sede del CRIC en Silvia. La imaginaba organizada por guámbianos jóvenes. Llegamos al lugar, el CRIC estaba cerrado.
Sentí que era una lástima estar ahí con la puerta cerrada, junto a mi amigo ansioso de ver a un antropólogo en acción, y sobre todo de ver a los indígenas en acción. Fumamos un cigarrillo mientras intente tomar una foto a la fachada de la casa, se me habían acabado las pilas. En ese momento el cielo oscureció y parecía empezar a llover. Pedro y yo mirábamos hacía el cielo. Y en ese momento ocurrió. Todo es como debe ser, y yo había atraído a mi vida los acontecimientos que llegaron.
Dos campesinos nos preguntaron por qué estábamos ahí parados, nos dijo que el lugar estaba cerrado, preguntó ¿qué necesitábamos? Yo le dije que solo queríamos conocer indígenas que nos hablaran sobre ellos y si era posible sobre la Minga. Veníamos desde muy lejos y éramos estudiantes emocionados con ganas de aprender. Cuando le dije que estudiaba antropología no pareció sorprenderle mucho, pero la carrera de cine de mi amigo causó una gran impresión en el guardia indígena que estaba frente a nosotros. Dijo que haría una excepción, ellos eran dos encargados del lugar, pertenecían a la guardia indígena, nos invitó a seguir.
Era un lugar muy cálido, aunque el clima en Silvia es igual de frío a Bogotá: había un comedor gigante con una cafetera apagada encima. El lugar estaba sólo. El guardia cogió 3 sillas y empezamos la entrevista. Me explico que solo podía hablar en representación de la Zona oriente que era una de las 9 zonas de la región del Cauca que cohesionaba el CRIC. Le hice una pregunta histórica por la influencia actual de Quintín Lame y José Gonzalo Sánchez en su lucha indígena, y en ese momento decidió darnos a cada uno un folleto donde me dijo que explicaban muchas cosas que me iban a interesar. Luego le dije que respecto a la minga indígena que fue tan importante a finales del año pasado no le creí nada a los medios de comunicación, le pregunte qué opinaba al respecto y respondió que era lo mejor que podía hacer... Allá en los grandes medios manipulaban toda la información a su manera, por ejemplo representaban a la pluralidad de indígenas del macizo colombiano tras el estereotipo de indígena Guámbiano, y me explicó que los guámbianos históricamente se han organizado independientemente al CRIC que recoge más bien a otros cabildos aunque también abarca algunos guámbianos.Pero finalmente me dijo que lo mejor que podía hacer para analizar la distorsión de los medios de comunicación era ver una publicación audiovisual que acaban de producir ellos mismos, los indígenas, totalmente inédita me regaló la primera copia sin ningún apego material ni interés. Me dijo que lo trajera a Bogotá que lo mostrara. Ese indígena me había dejado entrar a un cuarto lleno de cajas de huevo en las paredes, me contó que ahí grababan un programa de radio. La Emisora se llama Radio Libertad. Me pareció muy bonito, y aprovechó para regalarme un programa de radio especial donde celebraban los 38 años de existencia del CRIC. Dura una hora, recordé que Jorge Morales dijo una vez en clase que la primera organización indígena que logró reivindicar derechos sobre su dignidad y sus tierras a nivel nacional fue el CRIC, y además que fue un momento previo a lo que hoy conocemos como la ONIC. Imaginé muchos años de luchas que aún hoy continúan, porque inmediatamente él me explicó que hoy al igual que ayer, La Minga de resistencia indígena es la materialización de la plataforma política de autogobierno indígena, es una lucha de acción directa contra la terrajaría y las jerarquías del mundo de los blancos.Yo no tenía palabras para describir la emoción, vi en el mismo estudio una imagen única en un afiche, con pluralidad de significados, donde varias imágenes sobre distintos momentos de la Conquista y de la Colonia. Veía varias emociones: dolor, sufrimiento, angustia, venganza, discriminación, esperanza, en fin… escuché de cierta manera unos gritos del silencio que estaban ahí en el poster, expresando un mensaje de humildad y de resistencia, el mismo mensaje que transmitía la mirada del indígena que me estaba tratando con tanta confianza ayudándome a crecer, creciendo conmigo. Las Voces Del Desierto me hizo pensar en estas emociones sentidas desde una perspectiva más espiritual, práctica done realmente podemos sentir un desprendimiento por lo material inmenso y un regocijo de plenitud y alegría en la sencillez del alma y de las cosas, crecer en dulzura: eso era madurez.
“Nací con las manos vacías, moriré con las manos vacías. He visto la vida en su máxima expresión, con las manos vacías” (Morgan, 2004) (3)Esta frase anterior expresa el desapego y la plenitud que mencionaba, y volví a pensar en eso cuando en las mismas paredes vi diplomas de este indígena sobre un taller de cine que había hecho en Cuba en los meses de la minga del año pasado (2008) para llegar este año y colaborar con la realización en el video de auto representación de la Minga de los pueblos, y que ahora tan curiosamente me estaba regalando a mí. Ni “visa” podía ejemplificar que hay cosas que el dinero no puede comprar. “Sólo cuando le haya talado el último árbol, sólo cuando se haya envenenado el último río, solo cuando se haya pescado el último pez; sólo entonces descubrirás que el dinero no es comestible.” (Morgan, 2004)Fue así como enfrenté tal ejemplo de lucha y sacrificio empecé a sentir las emociones más bellas que pueda describir, sentía una fuerza que me llenaba y me motivaba a seguir por mi camino en la búsqueda de mi destino, escuchando mis instintos.
Después de llegar del enriquecedor viaje y de acabar de leer el libro pienso que realmente todo en la vida pasa por algo. Así como por algo la autora del libro vivió lo que vivió y lo escribió como lo escribió por algo, igualmente en mi vida el orden del universo se confabuló y habló conmigo permitiéndome llegar más allá de lo que me imaginé en mi búsqueda de conocimiento. A veces como dice la autora en su libro, lo peor que nos pasa es lo mejor que nos puede pasar; y además debemos aceptar las cosas que no podemos cambiar, tener valor para cambiar las que si podemos y reconocer la diferencia con sabiduría (como reza esa famosa frase terapéutica) Todos vivimos en relación con esas leyes universales, que en la información del folleto que me pasó el indígena tiene como significado su ley de origen, su equilibrio universal, el mismo karma de los budistas, La Divina Unidad del los Auténticos. Entendí que tenemos que afrontar hoy en día un proceso de hace más de 500 años en el que todavía dos actores que mantienen las asimetrías y reproducen la hegemonía de una élite dominante siguen siendo vigente y legítima. 500 años de Curas y Conquistadores, Iglesia y Policía. Agentes que los indígenas creen que no deberían existir, al igual que podemos pensar la cuestión moral entre los Auténticos, donde vivir sin miedo es la clave para no querer dominar a nada ni a nadie, el miedo es una emoción de naturaleza animal, no humana. Para concluir podemos enfatizar que tanto en la experiencia que relata la autora, como en mi experiencia personal podemos caracterizar nuestro sistema financiero y monetario, como un fracaso de la humanidad , pues es preciso entender que:
Nuestra avidez por la tecnología ha puesto al descubierto una profunda ignorancia que es una seria amenaza para toda la vida, una ignorancia que sólo el respeto por la naturaleza puede remediar (Morgan, 2004) Es decir, es necesario que volvamos a respetar la naturaleza para buscar el equilibrio con ella. Eso es lo que busca la Minga indígena y es el sentimiento que encontramos en el libro en vísperas de compartir… la concepción del mundo como una familia, como una especie. En un momento en que la burocracia mundial es más bien tecnocracia, debemos rescatar las tradiciones que pueden extinguirse si el mundo de la globalización y el calentamiento global siguen a este ritmo. Yo creo que el bonito mensaje que nos deja ese libro es muy emocional por lo mismo. Debemos más bien, con base en la historia que nos cuenta sobre Australia, empezar a reconocer que nuestras culturas ancestrales y milenarias también pueden llegar a desaparecer acá en Colombia y en el mundo entero, pueden llegar a auto marginarse de este mundo, debemos ser conscientes y tomar la decisión. Quedarnos Mutantes de por vida, o ser Auténticos en nuestra cotidianidad, procurando escuchar los gritos del silencio, queriendo hablar con la mirada.
(1) Walkabout es el recorrido por el desierto que emprende la protagonista con los aborígenes.
(2) Nombre como se autodenomina la tribu.
(3) Profecía de los indios al principio de Las Voces Del Desierto
Bibliografía
Morgan, Marlo (1991) “Las Voces Del Desierto” Barcelona.
Harper Collins 2002Muelas, Lorenzo (2007) “La fuerza de la gente” Bogotá. ICANH
Orwell, George (1949) “1984” Barcelona. Ancora y Delfin. 2005
C.R.I.C. “Proyecto De Fortalecimiento de los procesos organizativos de los jóvenes indígenas del municipio de Silvia y Totoro. Zona Oriente
Documental: Minga De Resistencia Indígena 2008 (2009)